Claudio Naranjo propone un modelo de Gestalt que llamamos Gestalt Viva, anclado en la experiencia y en el aspecto integrador de la psicoterapia con la espiritualidad. La Gestalt Viva es algo que aprendemos experimentalmente y que va más allá de la teoría y la técnica. Es una forma de vida y un proceso continuo de aprendizaje y transformación, que consiste en tomar conciencia de la experiencia y encontrar una espontaneidad y autenticidad cada vez mayores.

 

La psicoterapia, en la visión de Claudio Naranjo, es un proceso de auto-conocimiento y expresión de sí mismo para la sanación de las relaciones y que es, necesariamente, una sanación sistémica.

La Gestalt de Claudio Naranjo es viva porque es praxis: algo que aprendemos en vivo y que va más allá de una práctica técnica o clínica, es una forma de vivir, un proceso educativo y de ayuda espiritual. Su finalidad es ampliar la consciencia y restablecer una vivencia de plenitud. La terapia, como las tradiciones espirituales, conduce a la liberación.

Tiene una raíz apolínea reflejada en el proceso de conocer los propios mecanismos defensivos que constituyen nuestra personalidad rígida y robótica, y así recuperar nuestro potencial humano hacia la responsabilidad y la toma de decisiones. Y tiene una raíz dionisíaca en que la persona, expresando sus deseos, emociones e impulsos, recupera su libertad.

En este proceso, la capacitación del terapeuta se basa en su propio camino de desarrollo. En Gestalt Viva, lo más importante es la transmisión de una filosofía implícita que, cuando el terapeuta la experimenta intensamente, lo califica para acompañar e infectar el proceso del paciente.

 

EXPERIENCIALISMO ATEÓRICO

La Gestalt Fritziana y podemos decir Naranjiana, tiene que ver fundamentalmente con favorecer la experiencia, la vivencia, lo que está ocurriendo en el momento o a cada instante de la relación entre terapeuta y paciente. La facilitación de la experiencia en el aquí y ahora es catalizada a través de la confianza que se establece en la relación Yo - Tú, a través del encuentro y de lo dialógico, y con propuestas de experimentación de contacto y expresión de los elementos que surgen a través de la relación terapéutica.

Es ateórico porque no se trata de aplicar teoría alguna o un protocolo de ayuda rígido y de pasos pre establecidos (como la Gestalt de la Costa Este) sino favorecer el flujo taoísta de la vida. Se basa en la transmisión de una experiencia viva, que favorezca la toma de conciencia del paciente y un significativo aumento en su ser genuino y espontáneo.

 

En este contexto de valoración de la experiencia, del aquí y ahora, de la no evitación, y de la posibilidad de contacto y de expresión, el teorizar o poner demasiado énfasis en la teoría puede ser una evitación. Por eso desde la Gestalt Viva, la teoría queda subordinada a la experiencia. Esta dinámica la hace una relación orgánica y de creación colectiva del proceso, en una actitud a recibir y valorar todo lo que aparezca, aceptando el fenómeno emergente. La actitud del terapeuta, su presencia y escucha, su grado de atención y resonancia producen una alquimia a través de la relación y un contagio de un estado de ser hacia un nuevo aprendizaje de vida donde el aspecto teórico no juega un rol importante a la hora del encuentro con el paciente.

El terapeuta con la experiencia de sí y de su proceso personal acompaña al otro hacia al encuentro propio tomando lo que surge a cada instante como un recurso para ampliar la consciencia. Es un encuentro vivo y fértil a través de una escucha y presencia integral e intuitiva y mediante propuestas creativas de contacto y de expresión. Se traduce todo en ello en una transmisión más que en una enseñanza de teorías y técnicas.